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jueves, 15 de febrero de 2018

LA IGLESIA CONCILIAR ADOPTÓ LOS PRINCIPIOS DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA


NdB: La falsa iglesia conciliar, también conocida como iglesia oficial o iglesia modernista tiene por principios, los principios masónicos de la Revolución Francesa. Es increíble que la nueva-FSSPX la reconozca como la Iglesia Católica sin tener ninguna de las notas de catolicidad. Monseñor Lefebvre no pensaba ni escribía así. 

La falsa resistencia de Mons Williamson y ayudantes dicen que esa contra-iglesia es la Católica. Incluso se han inventado el neologismo de "eclesiovacantismo" para estigmatizar a los católicos que saben que la iglesia conciliar es una contra-iglesia. ¿Se atreverán a decir, como monseñor Lefebvre, que la iglesia conciliar es una contraiglesia revolucionaria y de principios masónicos? En público no; no vayan a ser confundidos con ultra-radicales y caiga sobre ellos mismos el epiteto de tradifariseos. Algunos de ellos prefieren no decir nada que los comprometa, sin doctrina clara ni pública.

Si la contra-iglesia tiene nueva teología, nueva Biblia ecuménica, nuevos sacramentos, nueva liturgia, nuevo Derecho Canónico y la religión que profesan es el modernismo, ¿que tienen de católicos? Sólo el nombre, y lo han usurpado, al igual que los puestos jerárquicos. Los modernistas se dicen católicos al igual que los protestantes se dicen cristianos. Los protestantes no tienen nada de cristianos.

Si la nueva FSSPX, la falsa resistencia de Mons Williamson, además de los grupos "indultados" reconocen a la iglesia conciliar o modernista como la católica, favorecen a la Revolución y están en contra de Cristo mismo, están en contra de la Iglesia Católica y contra los papas antiliberales. 

Los fieles y sacerdotes  dudosos  que aún están en esa militancia abran bien los ojos. Dios es un Dios celoso. (Exodo 20:5)

Aquí Monseñor Lefebvre en Carta Abierta a los Católicos Perplejos, cap XIII (1985):

"Si se mira bien, la Revolución ha penetrado en la Iglesia de Dios con la divisa de la Revolución Francesa. La libertad es la libertad religiosa como hemos dicho antes, una libertad que da derecho al error. La igualdad es la colegialidad que destruye la autoridad personal, la de Dios, la del papa y la de los obispos. Es la ley del mayor número. Y por último, la fraternidad esta representada por el ecumenismo. En virtud de estas tres palabras, la ideología revolucionaria de 1789 reemplaza a la Ley y los profetas. Los modernistas han conseguido lo que querían."

(Cap XIV) "...Todos los papas repudiaron ese matrimonio de la Iglesia con la Revolución, que sería una unión adúltera. De una unión adúltera solo pueden salir hijos bastardos. El rito de la nueva misa es un rito bastardo, los sacramentos son bastardos, porque ya no sabemos si dan la gracia o no; y los sacerdotes que salen de los seminarios son bastardos, porque no saben ni que son, ni que han sido constituidos para subir al altar, ofrecer el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo y dar a Jesucristo a las almas.."
Extractos de una conferencia en el Retiro sacerdotal en Ecône, el 14 de septiembre de 1987.
"Pienso que podemos hablar de descristianización y que estas personas que ocupan Roma hoy son anticristos. He dicho anticristos, como lo describe San Juan en su primera Carta: “ya el Anticristo hace estragos en nuestro tiempo”. El Anticristo, los anticristos, ellos lo son, es absolutamente cierto. Yo le dije al Cardenal Ratzinger: “Nosotros estamos en todo por Cristo y ellos están contra Cristo. ¿Cómo quiere que podamos entendernos?” (…) Estoy íntimamente persuadido de que nosotros no sabemos ni la mitad de lo que sucede en Roma: y si ya estamos escandalizados por la mitad que conocemos, es necesario pensar en la otra mitad. Si conociéramos todo, estaríamos espantados. Verdaderamente nosotros tratamos con una increíble mafia, ligada ciertamente con la masonería. (…) Ellos no están ya dentro de la Iglesia Católica” 

MEDITACIONES: Primer Jueves de Cuaresma



Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la preparación que hizo el Salvador para la primera cena legal.

   Punto I.- Considera cómo Cristo vino de Betania, adonde estaban sus parientes y amigos, a Jerusalén a celebrar la Pascua, a donde sabía que le preparaban la cruz y la muerte; porque Betania significa la casa de aflicción, y Jerusalén visión de paz; en que nos da a entender que entre los deudos y amigos no hay sino aflicción y trabajos para el alma; pero en Jerusalén por la cruz y persecuciones se halla la paz y la vista clara de Dios. Acompaña a Cristo en su Pasión dejando a los parientes y amigos y los deleites terrenos, y alcanzarás la verdadera paz.

   Punto II.- Considera cómo no admitió el Salvador la oferta que le hizo Santa María Magdalena de su casa para celebrar la Pascua, como dice San Buenaventura, por no agraviar su pobreza, y la firme confianza que tenía en Dios de que no le faltaría, como no le faltó; y aprende a confiar en la bondad divina en tus necesidades, y estar cierto que si no faltares a Dios no te faltará a ti, y que te hará merced a medida de tu confianza.

   Punto III.- Envía Cristo a Pedro y a Juan a que le preparen el Cenáculo, para ir con sus discípulos a celebrar la Pascua: Pedro significa buena acción y Juan devota contemplación; estas dos virtudes, acción y contemplación de las cosas celestiales, le han de preparar el alma para venir a ella y celebrar la Pascua de júbilos espirituales; si deseas que entre Cristo en tu casa y que te haga muchas mercedes, conviene que la adornes con estas dos virtudes principalmente, contemplando los misterios divinos y obrando lo que Dios te dé a entender en la oración. Si has faltado en estas virtudes, pídelas al Señor, y que te dé su gracia para disponerte como debes para recibirle en tu casa.

   Punto IV.- Considera las señas que le dio Cristo para conocer el Cenáculo. La casa a donde vieren que entraba un hombre con un cántaro de agua, porque esta va delante de Cristo al lugar a donde ha de venir, para lavarle y purificarle de toda mancha, y ha de ir delante de tu alma el agua de las lágrimas y de la confesión, para lavarla de las manchas del pecado, para que sea digna posada suya. ¡Oh, Señor, lavadme más y más de las manchas de mis pecados, y limpiadme y purificadme de mis maldades, para que sea digno de recibiros en mi pobre casa! Si Vos, Señor, no me laváis, ¿cómo podré lavarme yo indignísimo pecador, que no tengo de mi cosecha sino abominaciones y pecados? Quisiera tener lágrimas de verdadera contrición para lavarme, dádmelas Vos y acrisoladme de manera que nunca más vuelva a ofenderos, y sea mi pobre morada siempre vuestra por siempre jamás. Amén.



domingo, 11 de febrero de 2018

DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA: Meditación


Aquello del Evangelio de hoy, aplicado al Cuerpo real y físico de Nuestro Señor: Mirad que subimos a Jerusalén, y se cumplirá todo lo que los profetas escribieron sobre el Hijo del hombre; pues será entregado a los gentiles, y será objeto de burlas, insultado y escupido; y después de azotarle le matarán, puede muy bien ser adaptado a su Cuerpo Místico:

Sea con las enseñanzas de San Pablo a los Tesalonicenses:
Tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios.

Sea con lo escrito por el mismo San Pablo a su discípulo Timoteo:
Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.

Sea con los anuncios proféticos del Padre Emmanuel:
La Iglesia, como debe ser semejante en todo a Nuestro Señor, sufrirá, antes del fin del mundo, una prueba suprema que será una verdadera Pasión.

Sea con los textos esclarecedores del Cardenal Pie:
A medida que el mundo se aproxima de su término, los malvados y los seductores tendrán cada vez más la ventaja.
No se encontrará casi ya la fe sobre la tierra, es decir, casi habrá desaparecido completamente de todas las instituciones terrestres.
Los mismos creyentes apenas se atreverán a hacer una profesión pública y social de sus creencias.
La escisión, la separación, el divorcio de las sociedades con Dios, dada por San Pablo como una señal precursora del final, irán consumándose de día en día.
La Iglesia, sociedad ciertamente siempre visible, será llevada cada vez más a proporciones simplemente individuales y domésticas.
Finalmente, habrá para la Iglesia de la tierra como una verdadera derrota: “se dará a la Bestia el poder de hacer la guerra a los santos y vencerlos”.
La insolencia del mal llegará a su cima.

Insisto, Jesús quiere sanar la ceguera de los hijos del miedo… de aquellos que lo siguen con miedo, y no comprenden nada de todo esto, porque estas palabras les quedan ocultas y no entienden lo que les dice.

Todo lo aplicado al Cuerpo real y físico de Nuestro Señor puede muy bien ser adaptado a su Cuerpo Místico…
Igualmente, la vista restituida milagrosamente a Bartimeo puede ser aplicada como una imagen de la curación de los que, enceguecidos, no comprenden o no aceptan la situación actual de la sociedad y de la Iglesia.

Jesús se acercaba a Jericó, cuando un hombre ciego, que estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna…, escuchando pasar el tropel de personas, se informó sobre qué era aquello. Le dijeron que era Jesús de Nazareth, que se acercaba rodeado de una multitud.

Enseguida exclamó: Jesús, hijo de David, ¡ten misericordia de mí!
La primera virtud que practica Bartimeo es una fe profunda y una confianza firme en Nuestro Señor. Lo reconoce y le confiesa como el Mesías, verdadero hijo de David, Dios Todopoderoso, lleno de misericordia, y capaz de aliviar nuestras miserias.

En segundo lugar, muestra un fervor especial, que puede medirse por sus clamores renovados. Se reconoce en ellos su aflicción y la esperanza que tiene en ser socorrido enseguida por la bondad del Salvador.

La tercera virtud es una constancia que nada puede perturbar. Las órdenes y amenazas para que permanezca en silencio, nada pueden contra ella. Al contrario, aprovecha la oportunidad para elevar su voz y reiterar su oración.

Consideremos que nosotros padecemos esta doble ceguera espiritual: ceguera de la ignorancia y del pecado; o del error y la pasión; las cuales oscurecen nuestra inteligencia y enervan nuestra voluntad.

Debemos reflexionar sobre el estado de nuestra alma, ciega, inactiva y mendiga… Y después hemos de dirigirnos al único que puede remediar ese triste estado: Jesús, hijo de David, ten piedad de mí…

Pero, a veces, incluso aquellos que acompañan a Jesucristo nos distraen de esta meditación, presentando diversos pretextos. Jamás debemos detener nuestro llamado y clamor: Jesús, hijo de David, ten piedad de mí.

Si aumentan las dificultades, si los obstáculos abundan, es cuando hemos de elevar más todavía la voz.
Narra el Evangelio que Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? El dijo: ¡Señor, que vea!

Si Nuestro Señor nos preguntase: ¿Qué quieres que te haga?…, deberíamos apresurarnos a responderle: ¡Señor, que vea!
¡Señor, que vea!, es decir, que conozca tu divina voluntad y todo lo que ella desea o permite…

Lleno de gozo, Bartimeo siguió a Jesús. Nada más natural. También nosotros debemos ser consecuentes. A medida que Dios nos da más luz, debemos acercarnos al Divino Salvador.
La luz es una gracia muy grande. Toda gracia exige una fiel correspondencia. Toda correspondencia trae progresos.
Seguir a Jesús es, en primer lugar, amarlo; luego quedar libre y hábil para estar con Él; y sobre todo es vivir como Él vivió.
Si nuestra fe topa con obscuridades, elevemos nuestra visión en proporción a las luces que nos deja, y estas luces aumentarán mucho más.

Si en la vida interior Jesús se nos manifiesta con aspectos nuevos, seamos más decididos en seguirlo.
Digámosle con instancia; ¡Oh Divino Salvador!, haced que vea, haced que os siga…

Como conclusión, vale la pena volver sobre una poesía de Santa Teresa, que refleja bien los sentimientos, los deseos y las resoluciones que debemos tener hoy:



Todos los que militáis
debajo de esta bandera,
ya no durmáis, no durmáis,
pues que no hay paz en la tierra.



Y como capitán fuerte
quiso nuestro Dios morir,
comencémosle a seguir,
pues que le dimos la muerte.
¡Oh, qué venturosa suerte
se le siguió desta guerra!
Ya no durmáis, no durmáis,
pues Dios falta de la tierra.



Con grande contentamiento
se ofrece a morir en cruz
por darnos a todos luz
con su grande sufrimiento.



¡Oh glorioso vencimiento!
¡Oh dichosa aquesta guerra!
Ya no durmáis, no durmáis,
pues Dios falta de la tierra.



¡No haya ningún cobarde!
¡Aventuremos la vida!
Pues no hay quien mejor la guarde
que el que la da por perdida.



Pues Jesús es nuestra guía,
y el premio de aquesta guerra.
Ya no durmáis, no durmáis,
porque no hay paz en la tierra.



Ofrezcámonos de veras
a morir por Cristo todas
y en las celestiales bodas
estaremos placenteras.
Sigamos esta bandera,
pues Cristo va en delantera.
No hay que temer, no durmáis,

porque no hay paz en la tierra.

sábado, 3 de febrero de 2018

LA PSEUDO-RESTAURACIÓN (Conclusión): R.P. TAM


NdN: La falsa iglesia conciliar tiene claro sus objetivos, descristianizar y acabar con la fe Católica. Ellos se han valido del humanismo, liberalismo y del modernismo para llevarlo a cabo. Los vaticanistas de la falsa iglesia conciliar son revolucionarios y trabajan en contra de la Santa Iglesia Católica. Uno de los objetivos de la falsa restauración es seguir aparentando ser católicos, darle "importancia" a la Liturgia para calmar a los sensibles y mucho menos importancia a la Fe y doctrina. Han cambiado la religión pero algunos se visten de tradicionalistas.

La actual nueva FSSPX se comió el engaño y ahora son amigos de los enemigos de Cristo. Por increíble que parezca a pesar de las advertencias del padre Tam en este libro, la FSSPX con sus compromisos doctrinales favorecen a la revolución. 

No se puede olvidar el grave crimen de la nueva FSSPX que prefirió perseguir a los resistentes, a enmendar el camino del compromiso doctrinal. Dios todo lo vé. La nueva FSSPX prefirió estar en amistad con la falsa iglesia conciliar (enemigos de Cristo), que seguir las directivas de Mons Lefebvre. Desparramaron a la feligresía que confió en ellos, que con fe firme querían seguir resistiendo con ellos. Ahora pesan sobre la nueva FSSPX las palabras de N.S.J.: "Conmigo o contra Mí, o recojen Conmigo o desparraman".

Que decir de la falsa resistencia de Mons Williamson y sus seguidores-defensores, ahora con mas obispos que la misma nueva FSSPX, trabajaron para controlar la reacción, atenuarla o perseguirla. Igualmente ellos favorecen a la revolución; tienen intereses diferentes a los de la Iglesia Católica, pues toleran errores de sus líderes y son amigos de la nueva FSSPX por debajo del agua, eso sí, siguen aparentando "organización" y están listos para acaparar a alguno que otro resistente despistado que se conforma con seguirle la corriente a Mons Williamson con tal de recibir sacramentos seguros. 

No mucho que decir de las Congregaciones "indultadas" son traidores desde un inicio, si sus fieles supieran los orígenes de estas agrupaciones seguramente pensarían dos veces su afiliación. La mayoría de los sacerdotes ordenados lo son por obispos consagrados por el nuevo rito de Paulo VI. Gravísimo pues hay serias dudas de la validez de estos obispos. ¿Que significa esto? Que la iglesia conciliar permite la misa de San Pío V pero muchos de estos prelados pueden tener ordenaciones inválidas. No hay Sacrificio sin sacerdote válido, esto los saben muy bien los conciliares...

A pesar de las traiciones de algunos hijos de Mons Lefebvre, y de otros falsos fratribus, la Iglesia Católica perdurará hasta el final de los tiempos. Acompañemos a la Iglesia en su Pasión, pidamos la gracia a la Santísima Virgen María que acompañó a su Divino Hijo en su Pasión, de permanecer firmes y fieles, hasta Su regreso.
Viva Cristo Rey.


CONCLUSION
(La pseudo-restauración)

Después de haber estudiado la Seudo-Restauración, con la ayuda de los documentos que nos muestran su naturaleza, sólo nos queda prever, en la medida de lo posible, el futuro.

La antigua lucha de la Revolución contra Dios, Nuestro Señor, su Santa Iglesia, su Orden Social histórico y, finalmente, contra las consecuencias religiosas, políticas, jurídicas, sociales y económicas de su Divinidad, bien marcadas en la Edad Media, esta antigua lucha continúa hoy, con sus metamorfosis, “Fratres, sobrii estote et vigilate”. (1 Pt. 5).

Entre las metamorfosis más peligrosas de la Revolución en la Iglesia, está la Seudo-Restauración. El Cardenal Ratzinger continúa dando, sin prisas, sus “sorpresas”: después de la declaración de la Restauración, tenemos la Misa de San Pío V con indulto, la institución de la Hermandad San Pedro, la promesa de girar los altares, la creación de nuevas congregaciones religiosas conservadoras para ser un "filtro" respecto a la juventud que quiere llegar a la Fraternidad S. Pío X... ¡hay que estar preparados para recibir nuevas sorpresas!

No creemos que todo esto sea un milagro de conversión (que siempre es posible) ni el camino de una verdadera restauración. No lo creemos por todas las razones expuestas más arriba y también porque los cálculos de Cardenal Ratzinger nos parecen demasiado humanos y poco inspirados por los principios de la fe: “...non omprehenderunt... non cognovit... non receperunt...”(42).

En efecto, al tener el modernismo la tentación de adaptar la Iglesia al mundo moderno y siendo el mundo moderno la encarnación de la Revolución liberal, ésta sólo pide una cosa a la Iglesia: renunciar a la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo y, por tanto, renunciar al Estado Confesional, aceptar el modelo liberal, de laicidad de la sociedad temporal, convertir a la religión en una cuestión meramente privada. Si la Iglesia Conciliar “en las sacristías”, después de haber aceptado todo esto, decide girar los altares e incluso imponer como obligatoria la Misa de San
Pío V, no por ello se sale de la línea de la Revolución liberal ni molesta al laicismo.

Al contrario, la Revolución en la Iglesia se salva y con cimientos más sólidos. (43). Podríamos incluso repitiéndonos llegar a predecir la fórmula victoriosa de la Seudo-Restauración, que sería mas o menos así: “tradicionalista sí, pero en privado”.

Si los modernistas perfeccionan su Seudo-Restauración en este sentido, habrá que prever el peligro que supondrá para los tradicionalistas esta maniobra, sobre todo para los que están menos preparados, para los que tienen menos conocimiento, o carecen por completo, de la doctrina de la Realeza Social de Cristo y la historia de la Revolución.

Sin dejarse engañar por los combates de “retaguardia”, preparémonos para próximas “sorpresas”, tanto más que la Seudo-Restauración es querida, dirigida y sostenida por fuerzas externas a la Iglesia misma y que conocen perfectamente las reglas de toda Revolución; ¡no es sólo una “historia de curas”!

Una vez más fue Monseñor Lefebvre, el hombre suscitado por Dios, en esta crisis de la Iglesia, el prelado profetizado por Nuestra Señora del Buen Suceso, hace tres siglos, quién también había previsto esta hipótesis en 1987. He aquí un resumen de lo que respondió al Cardenal Ratzinger el 14 de Julio de 1987:

“Eminencia, aun en el caso en que Vd. nos concediese un Obispo, incluso si nos concediesen una cierta autonomía con respecto a los Obispos, aun otorgándonos toda la liturgia vigente hasta 1962 y nos permitiesen continuar la obra de los seminarios de la Hermandad tal como lo hacemos ahora, nosotros no podríamos colaborar con Vds., es imposible, porque nosotros trabajamos en dirección diametralmente opuesta: 

Vds. trabajan en favor de la descristianización de la sociedad, de la persona humana y de la Iglesia, mientras que nuestros esfuerzos están dirigidos hacía la cristianización; no podemos por tanto, entendernos. 
Para nosotros N.S.J.C. ¡lo representa todo! Es nuestra vida; la Iglesia es N.S.J.C., es su Esposa
Mística; el sacerdote es otro Cristo; su Misa es el sacrificio de Jesucristo y el triunfo de Jesucristo por la Cruz. En nuestros seminarios se aprende a amar a Cristo y todo se haya dirigido hacia el reinado de Nuestro Señor Jesucristo. Esto es lo que somos, y Vds. se dedican a hacer lo contrario. Vd acaba de decirme que la sociedad no debe ni puede ser cristiana, que eso sería ir contra su naturaleza.

Vd. acaba de intentar demostrarme que Nuestro Señor Jesucristo no puede reinar en las sociedades. Vd. ha intentado demostrar que la conciencia humana se halla libre de responsabilidad con respecto a N.S.J.C., que hay que dejarle en libertad y concederle, usando sus mismas palabras, un espacio autónomo: eso es la descristianización.

Pues bien, nosotros somos partidarios de la cristianización, no podemos, por tanto, entendernos. (Retiro sacerdotal, Sept.1987).

Dios puso enemistad entre la Mujer y la serpiente (Gén. 3.15), el demonio va siempre en sentido contrario a la voluntad de Dios. Si el demonio ha logrado hacerse respetar por la casi totalidad del género humano, podemos pensar, con fundamento, que esos mismos hombres han quedado inútiles para el servicio de Dios, “sicut inútiles facti sunt”, dice el Salmo.

Siguiendo el espíritu de San Luis María Griñon de Monfort en el “Tratado de la verdadera devoción” (no 52 y siguientes), terminamos este trabajo con la oración siguiente:

“Oh Santísima Trinidad, en esta larga noche de la Historia, os ofrezco el amor que la Santísima Virgen María os tiene, la enemistad y el odio que Ella ha recibido de Vos contra el demonio que trabaja para rebajar a Jesús Cristo N. S. y la Santa Iglesia Católica al mismo nivel de las falsas religiones, como hizo el Papa en Asís dejándose guiar por las ideas que dominan hoy el mundo.

Oh Santísima Trinidad os ofrezco la enemistad de la Santísima Virgen por la voluntad que tiene el demonio de separar la Iglesia del Estado.

Oh Santísima Virgen María por la gracia de este misterio de enemistad que Vos tenéis contra la serpiente, dejadme unir mi espíritu al Vuestro y no permitáis que respete al enemigo de Dios, aunque la mayoría de los hombres de hoy lo hagan.

O Santísima Trinidad, también os ofrezco el acto de Fe solitario, cruel y perfecto, que hizo la Santísima Virgen el Sábado Santo, día en que todos perdieron la Fe. (San Bernardo)

¡Oh Señora mía, por la gracia de este misterio, concédenos conservar la Fe en este Sábado Santo de la Iglesia. Que no temamos el quedar solos combatiendo en defensa de las consecuencias públicas de la Divinidad de Vuestro Hijo!

Para alcanzarnos estas gracias, ofreced a la Santísima Trinidad, por Vuestras manos purísimas, este Tesoro escondido que es el Santo Sacrificio de la Misa, que todavía se celebra en la Tierra.

(42) Prologo del Evangelio de San Juan.
(43) La misa tradicional puede ser concedida o aceptada, sin salir de la Revolución liberal, los
revolucionarios saben bien que pueden conceder dicha Misa; pero no cederan jamás en “los mejores valores de dos siglos de cultura liberal”

domingo, 28 de enero de 2018

LA PSEUDO-RESTAURACIÓN (CAPITULO VI): R.P. TAM


NdB: Revolución unitaria y controlada es lo que quieren los vaticanistas amigos de la nueva FSSPX y de las comunidades Ecclesia Dei. 
Resistencia controlada, unificada y "organizada" es lo que busca la falsa resistencia de Mons Williamson y sus ayudantes (dícese de los reverendos Trincado, Ortiz, bishop Zendejas, Faure entre otros...).

Los vaticanistas primero impusieron la revolución a los católicos por la fuerza. Lo mismo hizo el grupo de mons Fellay (nueva FSSPX), impuso por la fuerza el nuevo rumbo acuerdista y de compromiso. 

Posteriormente mons Wiliamson y sus ayudantes, después de ubicar a los inconformes con el acuerdismo de la nueva FSSPX, los reagruparon, después sembraron la cizaña: predicaron novedades e inconsistencias doctrinales, se provocó escándalo y división, los fieles salieron perdiendo como siempre. Al final quisieron imponer por la fuerza la obediencia ciega a sus 4 obispos, so pena de persecución o aislamiento. 

Todo esto no es coincidencia, es un trabajo en conjunto y articulado que los católicos que asisten con ellos de buena fe se han comido. 
Al fin y al cabo la consigna es mantener a los fieles en el error y lo mejor controlados posibles. Dios nos ayude en estos tiempos de acuerdismo, indiferentismo, obsecuencia y apostasía.

Capítulo VI
¿Qué dicen los vaticanistas?

Los vaticanistas son portavoces “del mundo” (es decir, de la Revolución). Toda corriente revolucionaria, ya sea judía, masónica, humanista, protestante, liberal o socialista, tiene su propia lectura de cómo van las cosas en el interior de la Iglesia.

De ahí nace la diferencia en la apreciación sobre la velocidad de la Revolución en la Iglesia.

Es interesante saber lo que dicen los enemigos de la Iglesia. San Ignacio nos lo enseña en el no 335 de sus famosos “Ejercicios Espirituales” y Sarda y Salvany repite la misma tesis. Mientras que algunas veces no entendemos los acontecimientos que van ocurriendo, sin embargo, nuestros enemigos sí, aunque su examen sea de signo opuesto al nuestro. No es, por lo tanto, una pérdida de tiempo seguir los diversos comentarios a fin de completar nuestro servicio de documentación.

Los vaticanistas italianos ven las cosas con más profundidad debido a su proximidad al Vaticano y a su conocimiento de la Curia Romana. He aquí una selección de sus comentarios durante el Sínodo Extraordinario de 1985 -veinte años después del Concilio- en donde se estudió a fondo la Restauración del Cardenal Ratzinger:

“El Sínodo [...] encarna de forma aproximada la vía media” (“La Stampa”, Sergio Quinzio, 8 Dic. 1985)

“Los deseos y los temores de una Restauración [...] no parecen, a primera vista, próximos a su realización” (“Il Piccolo”, F. Margiotta Broglio, 9 Dic. 1985)

“Ningún salto hacia atrás, ninguna Restauración, ningún referéndum por o contra el Cardenal Ratzinger”(“Il Resto del Carlino”, Paolo Francia, 9 Dic. 1985).

Por fin, el fondo del pensamiento del Cardenal Ratzinger salió a la luz; no podemos limitarlos en la expresión pintoresca de “Restauración”. A veces es necesario lamentar lo falso, para poder conocer la verdad”(Il Messagero, Marco Politi, 10 Dic 1985).68

“Sin embargo el centro romano se halla bien lejos de rendirse [...] su programa es muy exacto y podríamos definirlo así: ir al encuentro con el mundo y de todas las ideologías, pero desde una posición de fuerza. En un período de tiempo bastante largo, mas allá de un sólo pontificado (40), se llegará a una coexistencia de tendencias paralelas e incluso contrapuestas.” (Il Manifesto, Filippo Gentioni, 10 Dic. 1985).

“Al contrario, hoy podemos afirmar que el catolicismo post-conciliar, con ocasión del Sínodo, se ha manifestado extraño a la misma reacción” (Corriere della Sera, Giuseppe Alberigo, 15 Dic. 1985).

“La Iglesia Católica llama a sus fieles a relanzar el Concilio y a aplicarlo de forma más unitaria y controlada” (Corriere della Sera, Luigi Acattali, 11 Dic. 1985) [Creemos que ésta es la “lectura “ más razonable: Revolución sí, pero “unitaria y controlada”].

“El lenguaje no es de la restauración [...] el papel del Papa es importante, pero no absorbe al catolicismo. Restauración no significa volver atrás con respecto al Concilio” (Rinascita, Carlo Candia, 14 Dic. 1985) (41).

Esto es lo que todo el mundo parece haber visto y comprendido con respecto a esta Seudo-Restauración, actualmente en marcha en la Iglesia conciliar... y nosotros, que somos los destinatarios, creemos que lo hemos comprendido también.

Un vaticanista de nombre Giancarlo Zizola merece un capitulo aparte: este personaje trata de analizar los hechos en detalle desde su punto de vista progresista.

Para entenderlo bien, hay que recordar antes, que en la Iglesia hay ahora, un duelo entre católicos progresistas (jacobinos) y católicos liberales (girondinos), quedando los verdaderos católicos (tradicionalistas) fuera de juego. 

Es una cuestión de velocidades, siendo el objetivo el mismo.
Según las diversas corrientes de la Revolución, existen distintas opiniones a cerca de la Seudo-Restauración. Para los progresistas se trata de una vuelta atrás, y Zizola los divide en dos campos:

1) Aquellos que dicen que hay que aguantar ésta situación sin renunciar a buscar una solución.

2) La de los que piensan que ésta es una situación definitiva, irreversible, capaz de separar a la Iglesia del mundo moderno.
Sin embargo, en la revolución llamada “francesa”, después de los excesos de los jacobinos, la fase liberal de los girondinos, se instaló de forma definitiva. En este caso las “Iglesias” (es decir, los Obispos) van a cargar con ciertas responsabilidades, llegando incluso a forzar el brazo de Pedro; por eso hemos de vivir sin angustiarnos el conflicto actual de la restauración.

Según Zizola, el pontificado del Papa Juan Pablo II constituye una oscilación perpetua, pero el proceso continúa. Esta situación muestra todos los signos de una división del catolicismo; frente a las llamadas al orden del Vaticano, los Obispos hacen resistencia pasiva; escuchan, callan y continúan como antes.

Existen dos tendencias principales dentro del Episcopado: la línea Ratzinger y la línea progresista; pero es bastante difícil, incluso para los vaticanistas, el valorar las fuerzas respectivas.

También hay un cierto desacuerdo entre el Papa y Ratzinger, si bien este último ha recibido un espaldarazo público y solemne en el Discurso de vísperas de Navidad, en 1984.

En opinión de Zizola, el drama de Juan Pablo II es que éste desea reducir las fronteras de las innovaciones legitimadas por el Concilio, para no verse envuelto en un nuevo período de reformas. Sobrepasarlas significaría tener que ir a la realización de innovaciones que hoy son inaceptables y por eso el Papa hace todo lo posible por crear una base de Obispos y Cardenales que le sea favorable.

(40) La Revolución en la Iglesia es un fenómeno que rebasa la propia persona del Papa. Cada
uno de ellos cumple su parte. (n.d.a.)

(41) En un artículo publicado por “La Tradizione Cattolica no1” (Enero 1987, Montalenghe),
algunos teólogos progresistas fueron mencionados; tenían la misma opinión sobre la seudo-restau-
ración: “este análisis ha sido también llevado a cabo por los católico-comunistas, como el sacerdote apóstata Gianni Gennari en su “Carta abierta al camarada Gorbachov”, en la que describe un
socialismo que no teme ni la misa ni el catecismo (Paese Sera, 16-3-1985). 

En Rusia se ha visto la simbiosis del marxismo con la liturgia tradicional ortodoxa. Ellos también admiten que, mediante la seudo-restauración del Cardenal Ratzinger, los católicos no regresan a la fe inmutable, sino que permanecen en el error.

Esta misma estrategia es también reconocida por diversos especialistas de la Revolución.
Giulio Girardi (Adista, 13-5-1985), después de recordar que tanto Ratzinger como Rahner
han trabajado juntos durante el Concilio, en el grupo progresista, nos señala que si bien la Restauración parece lanzar sus ataques contra el teólogo Rahner (O.R. 25-2-1985), es únicamente para sacar los errores de la sacristía, pero de ningún modo para combatir aquellos que se propagan al
exterior (es la teología del Cardenal Ratzinger sobre la libertad religiosa).

A renglón seguido, Don Enrico Chiavacci, para tranquilizar a los observadores laicos (judíos,
masones y comunistas) añade que la restauración de Juan Pablo II es sólo disciplinaria y parcialmente doctrinal (Vita Pastorale, Octubre 1985).

El teólogo Molari declara que la restauración es necesaria porque el Vaticano II ha provocado
ciertas reacciones, y por lo tanto, es necesario reducir el ritmo, es decir, no dejar a nadie atrás.
(Adista, 16-5-1985) [¡todos deberán ser reeducados!].

CAPITULO III
CAPITULO IV

viernes, 19 de enero de 2018

«HUMANUM GENUS» SOBRE LA MASONERÍA Y OTRAS SECTAS

"Y a vosotros, Venerables Hermanos, os pedimos y rogamos con la mayor instancia que, uniendo vuestros esfuerzos a los Nuestros, procuréis con todo ahínco extirpar esta asquerosa peste que va serpeando por todas las venas de la sociedad. A vosotros toca defender la gloria de Dios y la salvación de los prójimos: ante tales fines en el combate, no ha de faltaros ni el valor ni la fuerza."

Carta Encíclica
del Papa León XIII
promulgada el 20 de abril de1884


Amonestaciones de los Romanos Pontífices
Confirmación de los hechos
Organización "secreta"
Naturalismo "doctrina"
Contra la Sede Apostólica
Negación de los principios fundamentales
Consecuencias políticas
Errores y peligros
Remedios doctrinales
Organizaciones prácticas
Educación de la juventud


El humano linaje, después que, por envidia del demonio, se hubo, para su mayor desgracia, separado de Dios, creador y dador de los bienes celestiales, quedó dividido en dos bandos diversos y adversos: uno de ellos combate asiduamente por la verdad y la virtud, y el otro por todo cuanto es contrario a la virtud y a la verdad.

El uno es el reino de Dios en la tierra, es decir, la verdadera Iglesia de Jesucristo, a la cual quien quisiere estar adherido de corazón y según conviene para la salvación, necesita servir a Dios y a su unigénito Hijo con todo su entendimiento y toda su voluntad; el otro es el reino de Satanás, bajo cuyo imperio y potestad se encuentran todos los que, siguiendo los funestos ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, rehusan obedecer a la ley divina y eterna, y obran sin cesar o como si Dios no existiera o positivamente contra Dios. Agudamente conoció y describió Agustín estos dos reinos a modo de dos ciudades contrarias en sus leyes y deseos, compendiando con sutil brevedad la causa eficiente de una y otra en estas palabras: Dos amores edificaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial[1].


LA MASONERÍA

2. En el decurso de los siglos, las dos ciudades han luchado, la una contra la otra, con armas tan distintas como los métodos, aunque no siempre con igual ímpetu y ardor. En nuestros días, todos los que favorecen la peor parte parecen conspirar a una y pelear con la mayor vehemencia, bajo la guía y auxilio de la sociedad que llaman de los Masones, por doquier dilatada y firmemente constituida. Sin disimular ya sus intentos, con la mayor audacia se revuelven contra la majestad de Dios, maquinan abiertamente y en público la ruina de la Santa Iglesia, y esto con el propósito de despojar, si pudiesen, enteramente a los pueblos cristianos de los beneficios conquistados por Jesucristo, nuestro Salvador.

Llorando Nos estos males, y movido Nuestro ánimo por la caridad, Nos sentimos impelidos a clamar con frecuencia ante el Señor: He aquí que tus enemigos vocearon; y levantaron la cabeza los que te odian. Contra tu pueblo determinaron malos consejos, discurrieron contra tus santos. Venid, dijeron, y hagámoslos desaparecer de entre las gentes[2].

3. En tan inminente riesgo, en medio de tan atroz y porfiada guerra contra el nombre cristiano, es Nuestro deber indicar el peligro, señalar los adversarios, resistir cuanto podamos a sus malas artes y consejos, para que no perezcan eternamente aquellos cuya salvación Nos está confiada, y no sólo permanezca firme y entero el reino de Jesucristo que Nos hemos obligado a defender, sino que se dilate con nuevos aumentos por todo el orbe.

Amonestaciones de los Romanos Pontífices

4. Los Romanos Pontífices Nuestros antecesores, velando solícitos por la salvación del pueblo cristiano, conocieron muy pronto quién era y qué quería este capital enemigo, apenas asomaba entre las tinieblas de su oculta conjuración; y como tocando a batalla les amonestaron con previsión a príncipes y pueblos que no se dejaran coger en las malas artes y asechanzas preparadas para engañarlos.

Dióse el primer aviso del peligro el año 1738 por el papa Clemente XII[3] cuya Constitución confirmó y renovó Benedicto XIV[4]. Pío VII[5] siguió las huellas de ambos, y León XII, incluyendo en la Constitución apostólica Quo graviora[6] lo decretado en esta materia por los anteriores, lo ratificó y confirmó para siempre. Pío VIII[7], Gregorio XVI[8] y Pío IX[9], por cierto repetidas veces, hablaron en el mismo sentido.

5. Y, en efecto, puesta en claro la naturaleza e intento de la secta masónica por indicios manifiestos, por procesos instruidos, por la publicación de sus leyes, ritos y revistas, allegándose a ello muchas veces las declaraciones mismas de los cómplices, esta Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la secta masónica, constituida contra todo derecho y conveniencia, era no menos perniciosa al Estado que a la religión cristiana, y amenazando con las más graves penas que la Iglesia puede emplear contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad.

Llenos de ira con esto sus secuaces, juzgando evadir o debilitar a lo menos, parte con el desprecio, parte con las calumnias, la fuerza de aquellas censuras, culparon a los Sumos Pontífices que las decretaron de haberlo hecho injustamente o de haberse excedido en el modo. Así procuraron eludir el peso y autoridad de las Constituciones apostólicas de Clemente XII, Benedicto XIV, Pío VII y Pío IX; aunque no faltaron en aquella misma sociedad quienes confesasen, aun a pesar suyo, que lo hecho por los Romanos Pontífices, conforme a la doctrina y disciplina de la Iglesia, era según derecho. En lo cual varios príncipes y jefes de Gobierno se hallaron muy de acuerdo con los Papas, cuidando, ya de acusar a la sociedad masónica ante la Silla Apostólica, ya de condenarla por sí mismos, promulgando leyes a este propósito, como en Holanda, Austria, Suiza, España, Baviera, Saboya y en algunas otras partes de Italia.

Confirmación de los hechos

6. Pero lo que sobre todo importa es ver comprobada por los sucesos la previsión de Nuestros Antecesores. En efecto, no siempre ni en todas partes lograron el deseado éxito sus cuidados próvidos y paternales; y esto, o por el fingimiento y astucia de los afiliados a esta iniquidad, o por la inconsiderada ligereza de aquellos, a quienes más interesaba haber vigilado con diligencia en este negocio. Así que en espacio de siglo y medio la secta de los Masones ha logrado unos aumentos mucho mayores de cuanto podía esperarse, e infiltrándose con tanta audacia como dolo en todas las clases sociales ha llegado a tener tanto poder que parece haberse hecho casi dueña de los Estados. De tan rápido y terrible progreso se ha seguido en la Iglesia, en la potestad de los príncipes y en la salud pública la ruina prevista muy de atrás por Nuestros Antecesores; y se ha llegado a punto de temer grandemente para lo venidero, no ciertamente por la Iglesia, cuyo fundamento es bastante firme para que pueda ser socavado por esfuerzo humano, sino por aquellas mismas naciones en que logran influencia grande la secta de que hablamos u otras semejantes que se le agregan como auxiliares y satélites.

7. Por estas causas, apenas subimos al gobierno de la Iglesia, vimos y experimentamos cuánto convenía resistir en lo posible a mal tan grave, interponiendo para ello Nuestra autoridad.

En efecto, aprovechando repetidas veces la ocasión que se presentaba, hemos expuesto algunos de los más importantes puntos de doctrina en que parecía haber influido en gran manera la perversidad de los errores masónicos. Así, en Nuestra carta encíclica Quod apostoli muneris emprendimos demostrar con razones convincentes las enormidades de los socialistas y comunistas; después, en otra, Arcanum, cuidamos de defender y explicar la verdadera y genuina noción de la sociedad doméstica, que tiene su fuente y origen en el matrimonio; además, en la que comienza Diuturnum, propusimos la forma de la potestad política moderada según los principios de sabiduría cristiana, tan maravillosamente acorde con la naturaleza misma de las cosas y la salud de los pueblos y príncipes. Ahora, a ejemplo de Nuestros Predecesores, hemos resuelto ocuparnos expresamente de la misma sociedad masónica, de toda su doctrina, así como de sus planes y manera de pensar y de obrar, a fin de que así llegue a conocerse, con la mayor claridad posible, su maliciosa naturaleza, y pueda evitarse el contagio de peste tan funesta.

Organización "secreta"

8. Hay varias sectas que, si bien diferentes en nombre, ritos, forma y origen, unidas entre sí por cierta comunión de propósitos y afinidad entre sus opiniones capitales, concuerdan de hecho con la secta masónica, especie de centro de donde todas salen y adonde vuelven. Estas, aunque aparenten no querer en manera alguna ocultarse en las tinieblas, y tengan sus juntas a vista de todos, y publiquen sus periódicos, con todo, bien miradas, son un género de sociedades secretas, cuyos usos conservan. Pues muchas cosas hay en ellas a manera de arcanos, las cuales hay mandato de ocultar con muy exquisita diligencia, no sólo a los extraños, sino a muchos de sus mismos adeptos, como son los planes íntimos y verdaderos, así como los jefes supremos de cada logia, las reuniones más reducidas y secretas, sus deliberaciones, por qué vía y con qué medios se han de llevar a cabo. A esto se dirige la múltiple diversidad de derechos, obligaciones y cargos que hay entre los socios, la distinción establecida de órdenes y grados y la severidad de la disciplina por que se rigen. Tienen que prometer los iniciados, y aun de ordinarios se obligan a jurar solemnemente, no descubrir nunca ni de modo alguno sus compañeros, sus signos, sus doctrinas. Con estas mentidas apariencias y arte constante de fingimiento, procuran los Masones con todo empeño, como en otro tiempo los maniqueos, ocultarse y no tener otros testigos que los suyos. Celebran reuniones muy ocultas, simulando sociedades eruditas de literatos y sabios, hablan continuamente de su entusiasmo por la civilización, y de su amor hacia los más humildes: dicen que su único deseo es mejorar la condición de los pueblos y comunicar a cuantos más puedan las ventajas de la sociedad civil. Aunque fueran verdaderos tales propósitos, no todo está en ellos. Además, deben los afiliados dar palabra y seguridad de ciega y absoluta obediencia a sus jefes y maestros, estar preparados a obedecerles a la menor señal e indicación; y de no hacerlo así, a no rehusar los más duros castigos ni la misma muerte. Y, en efecto, cuando se ha juzgado que algunos han traicionado al secreto o han desobedecido las órdenes, no es raro darles muerte con tal audacia y destreza, que el asesino burla muy a menudo las pesquisas de la policía y el castigo de la justicia.

Ahora bien: esto de fingir y querer esconderse, de sujetar a los hombres como a esclavos con fortísimo lazo y sin causa bastante conocida, de valerse para toda maldad de hombres sujetos al capricho de otro, de armar a los asesinos procurándoles la impunidad de sus crímenes, es una monstruosidad que la misma naturaleza rechaza; y, por lo tanto, la razón y la misma verdad evidentemente demuestran que la sociedad de que hablamos pugna con la justicia y la probidad naturales.

9. Singularmente, cuando hay otros argumentos, por cierto clarísimos, que ponen de manifiesto esta falta de probidad natural. Porque, por grande astucia que tengan los hombres para ocultarse, por grande que sea su costumbre de mentir, es imposible que no aparezca de algún modo en los efectos la naturaleza de la causa. No puede el árbol bueno dar malos frutos, ni el árbol malo dar buenos frutos[10]. Y los frutos de la secta masónica son, además de dañosos, muy amargos. Porque de los certísimos indicios antes mencionados resulta claro el último y principal de sus intentos, a saber: destruir hasta los fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y levantar a su manera otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo.

10. Cuanto hemos dicho y diremos, debe entenderse de la secta masónica en sí misma y en cuanto abraza otras con ella unidas y confederadas, pero no de cada uno de sus secuaces. Puede haberlos, en efecto, y no pocos, que, si bien no dejan de tener culpa por haberse comprometido con semejantes sociedades, con todo no participan por sí mismos en sus crímenes e ignoran sus últimas intenciones. Del mismo modo, aun entre las otras asociaciones unidas con la masonería, algunas tal vez no aprobarán ciertas conclusiones extremas que sería lógico abrazar como dimanadas de principios comunes, si no causara horror su misma torpe fealdad. Algunas también, por circunstancias de tiempo y lugar, no se atreven a hacer tanto como ellas mismas quisieran y suelen hacer las otras; pero no por eso se han de tener por ajenas a la confederación masónica, pues ésta no tanto ha de juzgarse por sus hechos y las cosas que lleva a cabo, cuanto por el conjunto de los principios que profesa.

Naturalismo "doctrina"

11. Ahora bien: es principio capital de los que siguen el naturalismo, como lo declara su mismo nombre, que la naturaleza y razón humana ha de ser en todo maestra y soberana absoluta; y, sentado esto, descuidan los deberes para con Dios o tienen de ellos conceptos vagos y erróneos. Niegan, en efecto, toda divina revelación; no admiten dogma religioso ni verdad alguna que la razón humana no pueda comprender, ni maestro a quien precisamente deba creerse por la autoridad de su oficio. Y como, en verdad, es oficio propio de la Iglesia católica, y que a ella sola pertenece, el guardar enteramente y defender en su incorrupta pureza el depósito de las doctrinas reveladas por Dios, la autoridad del magisterio y los demás medios sobrenaturales para la salvación, de aquí el haberse vuelto contra ella toda la saña y el ahínco todo de estos enemigos.

12. Véase ahora el proceder de la secta masónica en lo tocante a la religión, singularmente donde tiene mayor libertad para obrar, y júzguese si es o no verdad que todo su empeño está en llevar a cabo las teorías de los naturalistas. Mucho tiempo ha que trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda influencia del magisterio y autoridad de la Iglesia; por esto proclaman y defienden doquier el principio de que "Iglesia y Estado deben estar por completo separados" y así excluyen de las leyes y administración del Estado el muy saludable influjo de la religión católica, de donde se sigue que los Estados se han de constituir haciendo caso omiso de las enseñanzas y preceptos de la Iglesia.

Ni les basta con prescindir de tan buena guía como la Iglesia, sino que la agravan con persecuciones y ofensas. Se llega, en efecto, a combatir impunemente de palabra, por escrito y en la enseñanza, los mismos fundamentos de la religión católica; se pisotean los derechos de la Iglesia; no se respetan las prerrogativas con que Dios la dotó; se reduce casi a nada su libertad de acción, y esto con leyes en apariencia no muy violentas, pero en realidad expresamente hechas y acomodadas para atarle las manos. Vemos, además, al Clero oprimido con leyes excepcionales y graves, para que cada día vaya disminuyendo en número y le falten las cosas más necesarias; los restos de los bienes de la Iglesia, sujetos a todo género de trabas y gravámenes y enteramente puestos al arbitrio y juicio del Estado; las Ordenes religiosas, suprimidas y dispersas.

Contra la Sede Apostólica

13. Pero donde, sobre todo, se extrema la rabia de los enemigos es contra la Sede Apostólica y el Romano Pontífice. Quitósele primero con fingidos pretextos el reino temporal, baluarte de su independencia y de sus derechos; en seguida se le redujo a situación inicua, a la par que intolerable, por las dificultades que de todas partes se le oponen; hasta que, por fin, se ha llegado a punto de que los fautores de las sectas proclamen abiertamente lo que en oculto maquinaron largo tiempo, a saber, que se ha de suprimir la sagrada potestad del Pontífice y destruir por entero el Pontificado, instituido por derecho divino. Aunque faltaran otros testimonios, consta suficientemente lo dicho por el de los sectarios, muchos de los cuales, tanto en otras diversas ocasiones como últimamente, han declarado que el propósito de los Masones es perseguir cuanto puedan a los católicos con una enemistad implacable, y no descansar hasta lograr que sea destruido todo cuanto los Sumos Pontífices han establecido en materia de religión o por causa de ella.

Y si no se obliga a los adeptos a abjurar expresamente la fe católica, tan lejos está esto de oponerse a los intentos masónicos, que antes bien sirve a ellos. Primero, porque éste es el camino de engañar fácilmente a los sencillos e incautos y de atraer a muchos más; y después, porque, abriendo los brazos a cualesquiera y de cualquier religión, consiguen persuadir de hecho el grande error de estos tiempos, a saber, el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos; conducta muy a propósito para arruinar toda religión, singularmente la católica, a la que, por ser la única verdadera, no sin suma injuria se la iguala con las demás.

Negación de los principios fundamentales

14. Pero más lejos van los naturalistas, porque, lanzados audazmente por las sendas del error en las cosas de mayor momento, caen despeñados en lo profundo, sea por la flaqueza humana, sea por un justo juicio de Dios, que castiga su soberbia. Así es que en ellos pierden su certeza y fijeza aun las verdades que se conocen por luz natural de la razón, como son la existencia de Dios, la espiritualidad e inmortalidad del alma humana.

Y la secta de los Masones da en estos mismos escollos del error con no menos precipitado curso. Porque, si bien confiesan, en general, que Dios existe, ellos mismos testifican no estar impresa esta verdad en la mente de cada uno con firme asentimiento y estable juicio. Ni disimulan tampoco ser entre ellos esta cuestión de Dios causa y fuente abundantísima de discordia; y aun es notorio que últimamente hubo entre ellos, por esta misma cuestión, no leve contienda. De hecho la secta concede a los suyos libertad absoluta de defender que Dios existe o que no existe; y con la misma facilidad se recibe a los que resueltamente defienden la negativa, como a los que opinan que existe Dios, pero sienten de El perversamente, como suelen los panteístas; lo cual no es otra cosa que acabar con la verdadera noción de la naturaleza divina, conservando de ella no se sabe qué absurdas apariencias. Destruido o debilitado este principal fundamento, síguese que han de quedar vacilantes otras verdades conocidas por la luz natural: por ejemplo, que todo existe por la libre voluntad de Dios creador; que su providencia rige el mundo; que las almas no mueren; que a esta vida ha de suceder otra sempiterna.

15. Destruidos estos principios, que son como la base del orden natural, importantísimo para la conducta racional y práctica de la vida, fácilmente aparece cuáles han de ser las costumbres públicas y privadas. Nada decimos de las virtudes sobrenaturales, que nadie puede alcanzar ni ejercitar sin especial gracia y don de Dios, de las cuales por fuerza no ha de quedar vestigio en los que desprecian por desconocidas la redención del género humano, la gracia divina, los sacramentos, la felicidad que se ha de alcanzar en el cielo.

Hablamos de las obligaciones que se deducen de la probidad natural. Un Dios creador del mundo y su próvido gobernador; una ley eterna que manda conservar el orden natural y veda el perturbarlo; un fin último del hombre y mucho más excelso que todas las cosas humanas y más allá de esta morada terrestre; éstos son los principios y fuente de toda honestidad y justicia; y, suprimidos éstos, como suelen hacerlo naturalistas y masones, falta inmediatamente todo fundamento y defensa a la ciencia de lo justo y de lo injusto. Y, en efecto, la única educación que a los Masones agrada, y con la que, según ellos, se ha de educar a la juventud, es la que llama laica, independiente, libre; es decir, que excluya toda idea religiosa. Pero cuán escasa sea ésta, cuán falta de firmeza y a merced del soplo de las pasiones, bien lo manifiestan los dolorosos frutos que ya se ven en parte; en dondequiera que esta educación ha comenzado a reinar más libremente, una vez suprimida la educación cristiana, prontamente se han visto desaparecer las buenas y sanas costumbres, tomar cuerpo las opiniones más monstruosas y subir de todo punto la audacia en los crímenes. Públicamente se lamenta y deplora todo esto, y aun lo reconocen, aunque no querrían, no pocos que se ven forzados a ello por la evidencia de la verdad.

16. Además, como la naturaleza humana quedó inficionada con la mancha del primer pecado, y por lo tanto más propensa al vicio que a la virtud, requiérese absolutamente para obrar bien sujetar los movimientos obcecados del ánimo y hacer que los apetitos obedezcan a la razón. Y para que en este combate conserve siempre su señorío la razón vencedora, se necesita muy a menudo despreciar todas las cosas humanas y pasar grandísimas molestias y trabajos. Pero los naturalistas y masones, que ninguna fe dan a las verdades reveladas por Dios, niegan que pecara nuestro primer padre, y estiman, por tanto, al libre albedrío en nada amenguado en sus fuerzas ni inclinado al mal[11].

 Antes, por lo contrario, exagerando las fuerzas y excelencia de la naturaleza, y poniendo en ésta únicamente el principio y norma de la justicia, ni aun pensar pueden que para calmar sus ímpetus y regir sus apetitos se necesite una asidua pelea y constancia suma. De aquí vemos ofrecerse públicamente tantos estímulos a los apetitos del hombre: periódicos y revistas, sin moderación ni vergüenza alguna; obras dramáticas, licenciosas en alto grado; asuntos ara las artes, sacados con proterva de los principios de ese que llaman realismo; ingeniosos inventos para una vida muelle y muy regalada; rebuscados, en suma, toda suerte de halagos sensuales, a los cuales cierre los ojos la virtud adormecida. En lo cual obran perversamente, pero son en ello muy consecuentes consigo mismos, quienes quitan toda esperanza de los bienes celestiales, y ponen vilmente en cosas perecederas toda la felicidad, como si la fijaran en la tierra. Lo referido puede confirmar una cosa más extraña de decirse que de creerse. Porque, como apenas hay tan rendidos servidores de esos hombres sagaces y astutos como los que tienen el ánimo enervado y quebrantado por la tiranía de las pasiones, hubo en la secta masónica quien dijo públicamente y propuso que ha de procurarse con persuasión y maña que la multitud se sacie con la innumerable licencia de los vicios, en la seguridad que así la tendrán sujeta a su arbitrio para poder atreverse a todo en lo futuro.

17. Por lo que toca a la vida doméstica, he aquí casi toda la doctrina de los naturalistas. El matrimonio es un mero contrato: puede justamente rescindirse a voluntad de los contratantes; la autoridad civil tiene poder sobre el vínculo matrimonial. En el educar los hijos nada hay que enseñarles como cierto y determinado en punto de religión; al llegar a la adolescencia, corre a cuenta de cada cual escoger lo que guste. Esto mismo piensan los Masones; no solamente lo piensan, sino que se empeñan, hace ya mucho, en reducirlo a costumbre y práctica. En muchos Estados, aun en los llamados católicos, está establecido que fuera del matrimonio civil no hay unión legítima; en otros, la ley permite el divorcio; en otros se trabaja para que cuanto antes sea permitido. Así, apresuradamente se corre a cambiar la naturaleza del matrimonio en unión inestable y pasajera, que la pasión haga o deshaga a su antojo.

También tiene puesta la mira, con suma conspiración de voluntades, la secta de los Masones en arrebatar para sí la educación de los jóvenes. Ven cuán fácilmente pueden amoldar a su capricho esta edad tierna y flexible y torcerla hacia donde quieran, y nada más oportuno para lograr que se forme así para la sociedad una generación de ciudadanos tal cual ellos se la forjan. Por tanto, en punto de educación y enseñanza de los niños, nada dejan al magisterio y vigilancia de los ministros de la Iglesia, habiendo llegado ya a conseguir que en varios lugares toda la educación de los jóvenes esté en manos de laicos, de suerte que, al formar sus corazones, nada se les diga de los grandes y santísimos deberes que ligan al hombre con Dios.

Consecuencias políticas

18. Vienen en seguida los principios de la ciencia política. En este género dogmatizan los naturalistas que los hombres todos tienen iguales derechos y son de igual condición en todo; que todos son libres por naturaleza; que ninguno tiene derecho para mandar a otro, y el pretender que los hombres obedezcan a cualquier autoridad que no venga de ellos mismos es propiamente hacerles violencia. Todo está, pues, en manos del pueblo libre; la autoridad existe por mandato o concesión del pueblo; tanto que, mudada la voluntad popular, es lícito destronar a los príncipes aun por la fuerza. La fuente de todos los derechos y obligaciones civiles está o en la multitud o en el Gobierno de la nación, organizado, por supuesto, según los nuevos principios. Conviene, además, que el Estado sea ateo; no hay razón para anteponer una a otra entre las varias religiones, pues todas deben ser igualmente consideradas.

19. Y que todo esto agrade a los Masones del mismo modo, y quieran ellos constituir las naciones según este modelo, es cosa tan conocida que no necesita demostrarse. Con todas sus fuerzas e intereses lo están maquinando así hace mucho tiempo, y con esto dejan expedito el camino a no pocos más audaces que se inclinan a peores opiniones, pues proyectan la igualdad y comunidad de toda la riqueza, borrando así del Estado toda diferencia de clases y fortunas.

Errores y peligros

20. De lo que sumariamente hemos referido aparece bastante claro que sea y por dónde va la secta de los Masones. Sus principales dogmas discrepan tanto y tan claramente de la razón, que nada puede ser más perverso. Querer acabar con la religión y la Iglesia, fundada y conservada perennemente por el mismo Dios, y resucitar después de dieciocho siglos las costumbres y doctrinas gentílicas, es necedad insigne y muy audaz impiedad. 

Ni es menos horrible o más llevadero el rechazar los beneficios que con tanta bondad alcanzó Jesucristo, no sólo a cada hombre en particular, sino también en cuanto viven unidos en la familia o en la sociedad civil, beneficios señaladísimos hasta según el juicio y testimonio de los mismos enemigos. En tan feroz e insensato propósito parece reconocerse el mismo implacable odio o sed de venganza en que arde Satanás contra Jesucristo.

Así como el otro vehemente empeño de los Masones, el de destruir los principales fundamentos de lo justo y lo honesto, y animar así a los que, a imitación del animal, quisiera fuera lícito cuanto agrada, no es otra cosa que empujar el género humano ignominiosa y vergonzosamente a su extrema ruina.

21. Aumentan el mal los peligros que amenazan a la sociedad doméstica y civil. Porque, como otras veces lo hemos expuesto, hay en el matrimonio, según el común y casi universal sentir de todos los pueblos y siglos, algo de sagrado y religioso: veda, además, la ley divina que pueda disolverse. Pero si esto se permitiera, si el matrimonio se hace profano, necesariamente ha de seguirse en la familia la discordia y la confusión, cayendo de su dignidad la mujer y quedando incierta la prole tanto sobre sus bienes como sobre su propia vida.

22. Pues el no cuidar oficialmente para nada de la religión, y en la administración y ordenación de la cosa pública no tener cuenta ninguna de Dios, como si no existiese, es atrevimiento inaudito aun entre los mismos gentiles, en cuyo corazón y en cuyo entendimiento tan grabada estuvo no sólo la creencia en los dioses, sino la necesidad de un culto público, que reputaban más fácil encontrar una ciudad sin suelo que sin Dios.

De hecho la sociedad humana a que nos sentimos naturalmente inclinados fue constituida por Dios, autor de la naturaleza; y de El emana, como de principio y fuente, la naturaleza y perenne abundancia de los bienes innumerables en que la sociedad abunda. Así, pues, como la misma naturaleza enseña a cada uno en particular a dar piadosa y santamente culto a Dios por tener de El la vida y los bienes que la acompañan, así, y por idéntica causa, incumbe este mismo deber a pueblos y Estados. Y los que quisieran a la sociedad civil libre de todo deber religioso, claro está que obran no sólo injusta, sino ignorante y absurdamente.

Si, pues, los hombres por voluntad de Dios nacen ordenados a la sociedad civil, y a ésta es tan indispensable el vínculo de la autoridad que, quitando éste, por necesidad se disuelve aquélla, síguese que el mismo que creó la sociedad creó la autoridad. De aquí se ve que quien está revestido de ella, sea quien fuere, es ministro de Dios, y, por tanto, según lo piden el fin y la naturaleza de la sociedad humana, es tan puesto en razón el obedecer a la potestad legítima cuando manda lo justo, como obedecer a la autoridad de Dios, que todo lo gobierna; y nada tan falso como el pretender que corresponda por completo a la masa del pueblo el negar la obediencia cuando le agrade. Todos los hombres son, ciertamente, iguales: nadie duda de ello, si se consideran bien la comunidad igual de origen y naturaleza, el fin último cuya consecuencia se ha señalado a cada uno, y finalmente los derechos y deberes que de ellos nacen necesariamente.

23. Mas como no pueden ser iguales las capacidades de los hombres, y distan mucho uno de otro por razón de las fuerzas corporales o del espíritu, y son tantas las diferencias de costumbres, voluntades y temperamentos, nada más repugnante a la razón que el pretender abarcarlo y confundirlo todo y llevar a las leyes de la vida civil tan rigurosa igualdad. 

Así como la perfecta constitución del cuerpo humano resulta de la juntura y composición de miembros diversos, que, diferentes en forma y funciones, atados y puestos en sus propios lugares, constituyen un organismo hermoso a la vista, vigoroso y apto para bien funcionar, así en la humana sociedad son casi infinitas las diferencias de los individuos que la forman; y si todos fueran iguales y cada uno se rigiera a su arbitrio, nada habría más deforme que semejante sociedad; mientras que si todos, en distinto grado de dignidad, oficios y aptitudes, armoniosamente conspiran al bien común, retratarán la imagen de una ciudad bien constituida y según pide la naturaleza.

24. Además, de los turbulentos errores, que ya llevamos enumerados, han de temerse los mayores peligros para los Estados. Porque, quitado el temor de Dios y el respeto a las leyes divinas, menospreciada la autoridad de los príncipes, consentida y legitimada la manía de las revoluciones, sueltas con la mayor licencia las pasiones populares, sin otro freno que el castigo, ha de seguirse necesariamente el trastorno y la ruina de todas las cosas. Y aun precisamente esta ruina y trastorno, es lo que a conciencia maquinan y expresamente proclaman unidas las masas de comunistas y socialistas, a cuyos designios no podrá decirse ajena la secta de los Masones, pues favorece en gran manera sus planes y conviene con ellas en los principales dogmas. Y si de hecho no llegan inmediatamente y en todas partes a las últimas consecuencias, no se atribuya a sus doctrinas ni a su voluntad, sino a la eficacia de la religión divina, que no puede extinguirse, y a la parte más sana de los hombres, que, rechazando la servidumbre de las sociedades secretas, resisten con valor a sus locos conatos.

25. ¡Ojalá juzgasen todos del árbol por sus frutos y conocieran la semilla y principio de los males que nos oprimen y los peligros que nos amenazan! Tenemos que habérnoslas con un enemigo astuto y doloso que, halagando los oídos de pueblos y príncipes, ha cautivado a unos y otros con blandura de palabras y adulaciones.

Al insinuarse entre los príncipes fingiendo amistad, pusieron la mira los Masones en lograrlos como socios y colaboradores poderosos para oprimir a la religión católica; y para estimularles más con insistente calumnia acusaron a la Iglesia de que, envidiosa, disputaba a los príncipes su potestad y prerrogativas reales. Lograda por tales artes la audacia y la seguridad, comenzaron a intervenir con gran influencia en el régimen de las naciones, estando dispuestos -por lo demás- a sacudir los fundamentos de los imperios y a perseguir, calumniar y destronar a los príncipes, siempre que ellos no se mostrasen inclinados a gobernar a gusto de la secta.

No de otro modo engañaron, adulándolos, a los pueblos. Voceando libertad y prosperidad pública, haciendo ver que por culpa de la Iglesia y de los monarcas, no había salido ya la multitud de su inicua servidumbre y de su miseria, engañaron al pueblo, y, despertada en él la sed de novedades, le incitaron a combatir contra ambas potestades. Pero ventajas tan esperadas están más en el deseo que en la realidad, y antes bien, más oprimida la plebe, se ve forzada a carecer en gran parte de las mismas cosas en que esperaba el consuelo de su miseria, las cuales hubiera podido hallar con facilidad y abundancia en la sociedad cristianamente constituida. Y éste es el castigo de su soberbia, que suelen encontrar cuantos se vuelven contra el orden de la Providencia divina: que tropiezan con una suerte desoladora y mísera allí mismo donde, temerarios, la esperaban próspera y abundante según sus deseos.

26. La Iglesia, en cambio, como que manda obedecer primero y sobre todo a Dios, Soberano Señor de todas las cosas, no podría, sin injuria y falsedad, ser tenida por enemiga de la potestad civil, usurpadora de algún derecho de los príncipes; antes bien, quiere se de al poder civil, por dictamen y obligación de conciencia, cuanto de derecho se le debe; y el hacer dimanar de Dios mismo, conforme hace la Iglesia, el derecho de mandar, da gran incremento a la dignidad del poder civil y no leve apoyo para captarse el respeto y benevolencia de los ciudadanos. 

Amiga de la paz, la misma Iglesia fomenta la concordia, abraza a todos con maternal cariño y, ocupada únicamente en ayudar a los hombres, enseña que conviene unir la justicia con la clemencia, el mando con la equidad, las leyes con la moderación; que no ha de violarse el derecho de nadie; que se ha de servir al orden y tranquilidad pública y aliviar cuanto se pueda pública y privadamente la necesidad de los menesterosos. 

Pero por esto piensan, para servirnos de las palabras mismas de San Agustín[12], o quieren que se piense no ser la doctrina de Cristo provechosa para la sociedad, porque no quieren que el Estado se asiente sobre la solidez de las virtudes, sino sobre la impunidad de los vicios. Conocido bien todo esto, sería insigne prueba de sensatez política y empresa conforme a lo que exige la salud pública que príncipes y pueblos se unieran, no con los Masones para destruir la Iglesia, sino con la Iglesia para quebrantar los ímpetus de los Masones.
Remedios doctrinales

27. Sea como quiera, ante un mal tan grave y ya tan extendido, lo que a Nos toca, Venerables Hermanos, es aplicarnos con toda el alma a la busca de remedios.

Y porque sabemos que la mejor y más firme esperanza de remedio está puesta en la virtud de la religión divina, tanto más odiada por los Masones cuanto más temida, juzgamos ser lo principal el servirnos contra el común enemigo de esta virtud tan saludable. Así que todo lo que decretaron los Romanos Pontífices, Nuestros Antecesores, para impedir las tentativas y los esfuerzos de la secta masónica, y todo cuanto sancionaron para alejar a los hombres de semejantes sociedades o sacarlos de ellas, todas y cada una de estas cosas las damos por ratificadas y las confirmamos con Nuestra autoridad apostólica. Y confiadísimos en la buena voluntad de los cristianos, rogamos y suplicamos a cada uno en particular por su eterna salvación que estimen deber sagrado de conciencia el no apartarse un punto de lo que en esto tiene ordenado la Silla Apostólica.

28. Y a vosotros, Venerables Hermanos, os pedimos y rogamos con la mayor instancia que, uniendo vuestros esfuerzos a los Nuestros, procuréis con todo ahínco extirpar esta asquerosa peste que va serpeando por todas las venas de la sociedad. A vosotros toca defender la gloria de Dios y la salvación de los prójimos: ante tales fines en el combate, no ha de faltaros ni el valor ni la fuerza.

29. Vuestra prudencia os dictará el modo mejor de vencer los obstáculos y las dificultades que se alzarán; pero como es propio de la autoridad de nuestro ministerio el indicaros Nos mismo algún plan razonable, pensad que en primer lugar se ha de procurar arrancar a los Masones su máscara, para que sean conocidos tales cuales son, que los pueblos aprendan por vuestros discursos y pastorales, dados con este fin, las malas artes de semejantes sociedades para halagar y atraer, la perversidad de sus opiniones y lo criminal de sus hechos. Que ninguno que estime en lo que debe su profesión de católico y su salvación juzgue serle lícito por ningún título dar su nombre a la secta masónica, como repetidas veces lo prohibieron Nuestros Antecesores. Que a ninguno engañe aquella honestidad fingida; puede, en efecto, parecer a algunos que nada piden los Masones abiertamente contrario a la religión y buenas costumbres; pero como toda la razón de ser y causa de la secta estriba en el vicio y en la maldad, claro es que no es lícito unirse a ellos ni ayudarles en modo alguno.

30. Además, conviene con frecuentes sermones y exhortaciones inducir a las muchedumbres a que se instruyan con todo esmero en lo tocante a la religión, y para esto recomendamos mucho que en escritos y sermones oportunos se explanen los principales y santísimos dogmas que encierran toda la filosofía cristiana. Con lo cual se llega a sanar los entendimientos por medio de la instrucción y a fortalecerlos así contra las múltiples formas del error como contra los varios modos con que se presentan atractivos los vicios en esa tan grande libertad de publicaciones y curiosidad tan grande de saber.

Grande obra, sin duda; pero en ella será vuestro primer auxiliar y colaborador de vuestros trabajos el Clero, si con vuestro esfuerzo lográis que salga bien pertrechado en virtudes y en ciencia. Mas empresa tan sana e importante reclama también en su auxilio el celo activo de los seglares, que juntan en uno el amor de la religión y de la Patria con la probidad y el saber. Aunadas las fuerzas de una y otra clase, trabajad, Venerables Hermanos, para que todos los hombres conozcan bien y amen a la Iglesia; porque cuanto mayor fuere este conocimiento y este amor, tanto mayor será así la repugnancia con que se mire a las sociedades secretas como el empeño en rehuirlas.

Organizaciones prácticas

31. Y aprovechando esta oportunidad, renovamos ahora justamente Nuestro deseo, ya repetido, de que se propague y se fomente con toda diligencia la Orden Tercera de San Francisco, cuyas reglas con lenidad prudente hemos suavizado hace muy poco tiempo. El único fin que le dio su autor es el de traer los hombres a la imitación de Jesucristo, al amor de su Iglesia, al ejercicio de toda virtud cristiana; mucho ha de valer, por tanto, para extinguir el contagio de estas perversísimas sociedades. Y así, que cada día aumente más esta santa Congregación; pues, además de otros muchos frutos, puede esperarse de ella el insigne de que vuelvan los corazones a la libertad, fraternidad e igualdad, no como absurdamente las conciben los masones, sino como las alcanzó Jesucristo para el humano linaje y las siguió San Francisco: esto es, la libertad de los hijos de Dios, por la cual nos veamos libres de la servidumbre de Satanás y de las pasiones, nuestros perversísimos tiranos; la fraternidad que dimana de ser Dios nuestros Creador y Padre común de todos; la igualdad que, teniendo por fundamento la caridad y la justicia, no borra toda diferencia entre los hombres, sino que con la variedad de condiciones, deberes e inclinaciones forma aquel admirable y armonioso concierto que aun la misma naturaleza pide para el bien y la dignidad de la vida civil.

32. Viene, en tercer lugar, una institución sabiamente establecida por nuestros mayores e interrumpida por el transcurso del tiempo, que puede valer ahora como ejemplar y forma para lograr instituciones semejantes.

Hablamos de los gremios y cofradías de trabajadores con que éstos, al amparo de la religión, defendían juntamente sus intereses y, a la par, las buenas costumbres.

Y si con el uso y experiencia de largo tiempo vieron nuestros mayores la utilidad de estas asociaciones, tal vez la experimentaremos mejor nosotros por ser especialmente aptas para invalidar el poder de las sectas. Los que conllevan la pobreza con el trabajo de sus manos, fuera de ser dignísimos, en primer término, de caridad y consuelo, están más expuestos a las seducciones de los malvados, que todo lo invaden con fraudes y engaños. Débeseles, por ello, ayudar con la mayor benignidad posible y atraer a sociedades honestas, no sea que los arrastren a las infames. 

En consecuencia, para salud del pueblo, tenemos vehementes deseos de ver restablecidas en todas partes, según piden los tiempos, estas corporaciones bajo los auspicios y patrocinio de los Obispos. Y no es pequeño Nuestro gozo al verlas ya establecidas en diversos lugares en que también se han fundado sociedades protectoras, siendo propósito de unas y otras ayudar a la clase honrada de los proletarios, socorrer y custodiar sus hijos y sus familias, fomentando en ellas, con la integridad de las buenas costumbres, el amor a la piedad y el conocimiento de la religión.

33. Y en este punto no dejaremos de mencionar la Sociedad llamada de San Vicente de Paúl, tan benemérita de las clases pobres y tan insigne públicamente en su ejemplaridad. Bien conocidas son su actuación y sus aspiraciones; se emplea en adelantarse espontáneamente al auxilio de los menesterosos y de los que sufren, y esto con admirable sagacidad y modestia; pues, cuanto menos quiere mostrarse, tanto es mejor para ejercer la caridad cristiana y más oportuna para consuelo de las miserias.

Educación de la juventud

34. En cuarto lugar, y para obtener más fácilmente lo que intentamos, con el mayor encarecimiento encomendamos a vuestro celo y a vuestros desvelos la juventud, esperanza de la sociedad.

Poned en su educación vuestro principal cuidado, y nunca, por más que hiciereis, creáis haber hecho bastante en el preservar a la adolescencia de aquellas escuelas y aquellos maestros, en los que pueda temerse el aliento pestilente de las sectas. Exhortad a los padres, a los directores espirituales, a los párrocos para que insistan, al enseñar la doctrina cristiana, en avisar oportunamente a sus hijos y alumnos sobre la perversidad de estas sociedades, y a que aprendan desde luego a precaverse de las fraudulentas y varias artes que sus propagadores suelen emplear para enredar a los hombres. Y aun no harían mal, los que preparan a los niños para recibir bien la primera Comunión, en persuadirles que se propongan y se comprometan a no ligarse nunca con sociedad alguna sin decirlo antes a sus padres o sin consultarlo con su confesor o con su párroco.

35. Bien conocemos que todos nuestros comunes trabajos no bastarán a arrancar estas perniciosas semillas del campo del Señor si desde el cielo el dueño de la viña no favorece benigno nuestros esfuerzos.

Necesario es, por lo tanto, implorar con vehemente anhelo e instancia su poderoso auxilio, como y cuanto lo piden la extrema necesidad de las circunstancias y la grandeza del peligro. Levántase insolente y orgullosa por sus triunfos la secta de los Masones, ni parece poner ya límites a su pertinacia. Préstanse mutuo auxilio sus sectarios, todos unidos en nefando contubernio y por comunes ocultos designios, y unos a otros se animan para todo malvado atrevimiento. 

Tan fiero asalto pide igual defensa, es a saber, que todos los buenos se unan en amplísima coalición de obras y oraciones. Les pedimos, pues, por un lado que, estrechando las filas, firmes y a una, resistan contra los ímpetus cada día más violentos de los sectarios; por otro, que levanten a Dios las manos y le supliquen con grandes gemidos, para alcanzar que florezca con nuevo vigor la religión cristiana; que goce la Iglesia de la necesaria libertad; que vuelvan a la buena senda los descarriados; y que, al fin, abran paso a la verdad los errores y los vicios a la virtud.

36. Como intercesora y abogada tengamos a la Virgen María Madre de Dios, para que, pues ya en su misma Concepción purísima venció a Satanás, sea Ella quien se muestre poderosa contra las nefandas sectas, en las que claramente se ve revivir la soberbia contumaz del demonio junto con una indómita perfidia y simulación.

Acudamos también al príncipe de los Angeles buenos, San Miguel, el debelador de los enemigos infernales; y a San José, esposo de la Virgen santísima, así como a San Pedro y San Pablo, Apóstoles grandes, sembradores e invictos defensores de la fe cristiana, en cuyo patrocinio confiamos, así como en la perseverante oración de todos, para que el Señor acuda oportuno y benigno en auxilio del género humano que se encuentra lanzado a peligros tantos. Sea prueba de los dones celestiales y de Nuestra benevolencia la Bendición Apostólica, que de todo corazón os damos en el Señor, a vosotros, Venerables Hermanos, al Clero y a todo el pueblo confiado a vuestra vigilancia.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 20 de abril de 1884, año séptimo de Nuestro Pontificado.


[1] De civ. Dei. 14, 17.
[2] Ps. 82, 2-4.
[3] Const. In eminenti 24 april. 1738.
[4] Const. Providas 18 mai. 1751.
[5] Const. Ecclesiam a Iesu Christo 12 sept. 1821.
[6] Const. 13 mart. 1825.
[7] Enc. Traditi 21 mai. 1829.
[8] Enc. Mirari 15 aug. 1832.
[9] Enc. Qui pluribus 9 nov. 1846. -Aloc. Multiplices inter 25 sept. 1865, etcétera.
[10] Mat. 7, 18.
[11] Conc. Trid. sess. 6 de iustif. c. 1.
[12] Ep. 137 (al. 3) Ad Volusianum c. 5 n. 20.